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El mensaje de Paray-le-Monial.“Es solo a través del misterio del Corazón herido de Cristo, que el que aspira a la felicidad auténtica y durable, puede encontrar el secreto”. (Juan Pablo II) El Corazón.
La Biblia habla del corazón para expresar el lugar más íntimo del hombre, donde reside su ser interior: sus sentimientos, sus alientos y sus deseos, pero también su memoria, su voluntad y su inteligencia; se conoce con el corazón. El corazón “es él todo de la persona”, su “jardín secreto” que nadie conoce excepto el mismo Dios. Es el corazón el que busca Dios: he aquí porque es en el corazón que Dios se deja encontrar, porque Dios habita en el corazón del hombre. El mensaje de Paray-le-Monial.
La Herida del Corazón de Jesús. Es sorprendente ver como Cristo no se queja tanto del pecado, como de las indeferencias de los hombres; desinterés que nos cierra la posibilidad de participar en la “ofrenda de Jesús sobre la Cruz” y que la convierte en inútil. Por esto, el mensaje de Paray-le-Monial contiene una llamada a la reparación y a la consolación del Corazón de Jesús. Reparar significa amar por aquellos que no aman. Cada vez que nosotros hacemos un acto de amor, misteriosamente, son todos los hombres quienes reciben las consecuencias. Margarita-María nos invita a acompañarla a consolar a Jesús en su agonía, en el jardín de los Olivos, el primer jueves por la tarde de cada mes. La Iglesia busca sin cesar esta hora perdida en el jardín de los Olivos (perdida por Pedro, Santiago y Juan) para reparar esta deserción y esta soledad del Maestro que ha incrementado Su sufrimiento... Jesús nos permite en cierto modo reencontrarlo continuamente en esta hora pasada e irreversible. Humanamente hablando y como en otro tiempo, Él nos invita a participar en la oración de Su corazón que abraza todas las generaciones de los hombres. (C. Wojtvla [1]) Quien quiera comprender la historia y la notoriedad de Paray-le-Monial debe regresar muy atrás, mas allá de la fundación de sus monumentos, en el país de Judea, en Palestina, hace 2000 años... 1200 años aun antes, el pueblo de los hijos de Israel se instalo en el país de Canaán. Profesaban la fe en un único Dios, Él cual los había salvado de la esclavitud del país de Egipto para conducirlos a la tierra prometida, la tierra de la libertad. Permanecían unidos a Dios por escuchar su palabra. Y es así como una larga historia que va a marcar a la humanidad entera comienza. Entre el año –4 y-7 nace en Belén un niño llamado Jesús, de María Su madre, esposa de José, carpintero de Nazareth. A la edad de 30 años, Jesús recorre Palestina con sus discípulos, doce apóstoles que Él había escogido. Se presenta como el hijo de Dios venido al mundo para llamar a los pecadores a una vida de libertad, anunciando “la Buena Nueva de la Salvación”, curando a los enfermos y perdonando los pecados. “¡Vengan a Mí los que se sientan cargados y agobiados bajo el peso de la carga, porque yo los aliviaré! Carguen con mi yugo y aprendan de Mí que soy dulce y humilde de Corazón y ustedes encontrarán alivio. Pues mi yugo es bueno y Mí carga liviana”. (Mt.11,28-30) Sobre el tema de ser entregado y clavado en la cruz, Jesús reúne a sus Apóstoles para celebrar con ellos la comida de la Pascua. Durante esta comida, Jesús ofrece su Cuerpo y su Sangre para la redención de la humanidad y su entrada a la vida eterna. “Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos no querían que los cuerpos quedaran en cruz durante el día siguiente, pues este sábado era un día muy solemne. Por eso, pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas a los que estaban crucificados para después retirarlos. Vinieron entonces los soldados y les quebraron las piernas al primero y al otro de los que habían sido crucificados con Jesús. Al llegar a Jesús, vieron que ya estaba muerto. Así es que no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le abrió el costado de una lanzada y al instante salió Sangre y Agua”. (Jn. 19,31-34) Del amor brota la vida. ¡Si alguien tiene sed que venga a Mí y que beba, el que cree en Mí! Como dice la escritura: “Los ríos de agua viva brotan de Su Corazón”. Refiriéndose a que Jesús hablaba del Espíritu Santo, el Espíritu que debían recibir aquellos que creen en Él. Sobre el Gólgota se cumple ese día la profecía de Zacarías: “Miraran al que traspasaron”. En adelante y hasta el fin de los tiempos, atraídos hasta la cruz donde cuelga Jesús, revelador y testigo de la ternura de Dios, innumerables serán aquellos que saben que un Corazón es abierto, fuente inagotable a la cual todos son llamados a beber con alegría. El tercer día después de Su muerte los apóstoles vuelven a la tumba y la encuentran vacía. Jesús resucitado aparece a más de quinientos hermanos (según San Pablo) y particularmente a los apóstoles. Él los envía a proclamar por toda la tierra el evangelio de la Salvación. El día de Pentecostés, los apóstoles tienen la experiencia del amor infinito de Dios por ellos mismos y por todos los hombres por medio de la efusión (el derramamiento) del Espíritu Santo. Impulsados interiormente por el Espíritu Santo y por Cristo habitando en ellos, los apóstoles salen a anunciar el evangelio por el mundo entero. El siglo XVII se caracteriza por una impresionante eflorescencia espiritual. Margarita-María toma su sitio en Paray-le-Monial, en la estela de los grandes testigos del Amor.
Personajes estilizados y numerados del fresco: 1. Apóstol San Juan 2. San Francisco de Asís 3. Carlos de Foucault 4. San Claudio la Colombière 5. San Juan Eudes 6. La Virgen María 7. San Pablo 8. San Francisco de Sales 9. El padre Mateo 10.Santa Juana de Chantal 11. Santa Margarita-María. Numerosos son los que a lo a largo de la historia han escuchado el evangelio de Cristo y han respondido a la llamada de Su Corazón por su testimonio. San Juan, el primero, reposa su cabeza sobre el pecho de Jesús en el momento en que iba a ser entregado. Al escuchar latir este Corazón, el discípulo experimenta el abismo del amor por el cual Jesús salva a la humanidad. (De acuerdo a los diálogos de Santa Catalina de Siena) Santo Thomas, incrédulo, pondrá el dedo en las llagas y en el costado traspasado de Cristo resucitado. Emocionado, él grita: “¡Mi Señor y mi Dios!, Jesús le dice: porque tú me ves tú crees.” Dichosos aquellos que no me han visto y que han creído”. (Jn. 20,28-29) San Pablo, apóstol del misterio insoldable del amor de Dios por los hombres, será especialmente enviado a proclamar el evangelio a los paganos.”Que cristo habite en vuestros corazones por la fe y que vosotros seáis enraizados e instituidos en el amor”. (Efesios.3,17) San Justino, “Nosotros hemos sido tallados en el Corazón de Cristo como las piedras arrancadas de los peñones (...). Él es el que vierte agua viva en el corazón de aquellos que en Él, aman al Padre plenamente y apaga la sed de aquellos que quieren beber de las fuentes de la vida”. San Francisco de Asís, (Siglo XI) entiende la llamada radical del Evangelio, tener como única riqueza el amor de Cristo: “Solo basta el amor de Dios”. ¡Pero el amor no es amado! Tan unido con Dios, él será marcado, incluso en su cuerpo con las heridas del Amor. A Santa Catalina de Siena, “Tú puedes descubrir el secreto de Mi Corazón que te revela lo mucho que te ama, te ofrezco como prueba mi sufrimiento de agonía (...) Es para ti que lo he revelado, yo he querido que la Sangre y el Agua brotaran de mi costado". Desde el siglo XIII, los grandes místicos alemanes contemplan particularmente el costado de Cristo traspasado. Santa Lutgarde, (1246) Religiosa Benedictina de origen flamenco recibe la visión de Cristo solicitándole Su Corazón. Respondiéndole le dijo: “Conceded a mi corazón el amor de Vuestro propio Corazón; que en Usted, yo conservo mi corazón bien protegido y para siempre bajo vuestra protección”. Santa Mechtilde de Magdeburgo, (1270) Joven monja Alemana. Jesús le dice: "Todos los sufrimientos y desprecios (que yo he soportado) fueron un llamado a la puerta del Cielo, hasta que la Sangre de Mí Corazón fue esparcida sobre la tierra, fue abierto el Reino de los Cielos". Santa Gertrudis, (1302) Le pregunta a Cristo:¿Porque ha guardado en silencio por tanto tiempo el misterio de Su Corazón? Jesús le responde: “La dulce elocuencia del latido de Mi Corazón fue reservada a los tiempos modernos, para que el mundo que envejece pueda recalentarse". Como mencionamos anteriormente, el siglo XVII esta determinado por un enorme desarrollo espiritual. Paray-le-Monial, a través de Margarita-María, ocupa su sitio en el vestigio de los grandes testigos del Amor. Aparición del 27 de diciembre de 1673. “ Mi divino Corazón es tan apasionado de amor por los hombres y por ti en particular que no pudiendo mas contener en Él mismo las llamas de Su caridad ardiente, tiene que derramarlas por tu medio; deseo que este Amor se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos tesoros que Yo te descubro”. La Gran Aparición, junio de 1675. “He aquí este Corazón que tanto amo a los hombres que no ha ahorrado nada hasta agotarse y consumirse para demostrarles Su amor. Y de agradecimiento, solo recibo de la inmensa mayoría ingratitudes”. En una comunicación más personal, Jesús le pide a Margarita-María acompañarlo cada jueves por la tarde, durante una hora, a participar en Su agonía en Gethsémani. Él le dice: “Con respecto a todo el resto de mi pasión es aquí donde más he sufrido (...) no hay en absoluto criatura que pueda comprender la grandeza de los tormentos que Yo sufrí en aquel momento”. Margarita-María no ha “inventado” la devoción al Sagrado Corazón, esta se revela particularmente en el siglo XVII preparando la misión que Jesús le confiará. San Juan Eudes (1601-1680) misionero del “Corazón de Fuego”, trabajo arduamente en la reforma del clero. Él escribió a los padres de la congregación que había fundado: “Es necesario aprender de nuestro divino Doctor, que es Jesús, a ser humildes no solo de espíritu sino de corazón”. San Juan Eudes compuso la primera misa en honor a los Corazones de Jesús y María. Letra de Margarita-María al Padre Croiset. “La primera gracia particular (revelación) que parezco haber recibido, fue en el día de San Juan Evangelista: Jesús después de haberme hecho reposar varias horas sobre Su Sagrado pecho, me mostró las gracias de Su amor, cuyo recuerdo me pone fuera de mi misma. Enseguida, Este divino Corazón me fue presentado como en un trono de llamas, más radiante que un sol y transparente que un cristal, con esta herida adorable, rodeado de una corona de espinas, las cuales significaban las picaduras que nuestros pecados le hacían; y con una cruz encima que significaba que desde los primeros instantes de Su Encarnación, es decir que desde que este Sagrado Corazón fue formado, la cruz fue plantada y fue llenado, desde esos primeros instantes, de todas las amarguras que debían causarle las humillaciones, la pobreza, los dolores y el desprecio que la sagrada humanidad debía sufrir durante todo el curso de Su vida y en Su Santa Pasión...”. Otro testigo en Paray-le-Monial del Corazón de Jesús, marcado por su presencia discreta y radiante fue el del Sacerdote Jesuita Claudio la Colombière; confesor de Margarita-María. La capilla La Colombière se encuentra a mano derecha saliendo de la capilla de la Visitación (100 metros) la cual ha sido confiada a la guardia de la comunidad de los Padres de la compañía de Jesús, residentes en Paray-le-Monial. La capilla fue edificada en 1930, justo después de la beatificación de Claudio la Colombière (16 de junio de 1929) Su estilo recuerda las Basílicas de Fourvière (Lyon) y de Montmartre (Paris) por sus numerosos mosaicos y vitrales. Al principio del siglo XVII, Paray-le-Monial cuenta con un número importante de protestantes. A partir de 1618 los padres Jesuitas residen de vez en cuando en la ciudad para predicar la fe católica. Se establecen definitivamente en el lugar a partir de 1651. El Padre Claudio la Colombière fue superior de la pequeña residencia durante 18 meses de 1675-1677. Después partió a Londres. Regreso finalmente a Paray-le-Monial donde murió el 15 de febrero de 1682, a la edad de 44 años. Su Santidad Juan Pablo II lo declaró santo en 1992. La Iglesia Universal celebra su fiesta el día 15 de febrero. Él fue el confesor de Margarita-María enviado por Dios como: “Su fiel servidor y perfecto amigo”. El gran fresco del ábside (parte abovedada y generalmente semicircular que sobresale de la fachada posterior de un templo, en donde se encuentran el altar mayor y el presbiterio) relata la visión de Margarita-María del 2 de julio de 1688, dos años antes de su muerte. Cristo ocupa un escaño (puesto) al centro de las llamas que representan el fuego ardiendo de Su amor. La Virgen María se encuentra del lado derecho con la cabeza volteando hacia Margarita-María. Ella le confía el siguiente mensaje: “Las hermanas de la Visitación deben promover la devoción al Sagrado Corazón, pero los Jesuitas son encargados de explicar teológicamente el misterio del Corazón de Jesús”. Esta frase es escrita en la parte inferior del fresco. Los ángeles muestran todas las imágenes del Sagrado Corazón que Jesús ha solicitado que se dibujen para difundirlas en los hogares cristianos.
Relicario de Santa Margarita-María: su osamenta (huesos sueltos del esqueleto) es envuelta en una efigie (representación de algo real) de cera y de algodón, revestida con él hábito de la orden del siglo XVII. El relicario data de 1864 fecha de su beatificación. Falleció el 17 de octubre de 1690 y fue canonizada en 1920. Por encima del relicario se encuentra un cuadro que representa otra visión de Margarita-María: al momento de comulgar de las manos del Padre la Colombière, ella tiene la visión de tres corazones, el más grande es el de Cristo unido en lo sucesivo con dos más pequeños, los de Margarita-María y Claudio la Colombière. La Oración de San Claudio. Sagrado corazón de Jesús, enséñame el perfecto olvido de mi mismo, porque es el único camino por el que se puede entrar en Ti, ya que todo lo que yo haga en adelante será para Ti, haz de modo que no haga nada que no sea digno de Ti. Enséñame lo que debo hacer para llegar a la pureza de Tú amor, cuyo deseo me has inspirado. Siento una gran voluntad de agradarte y una gran impotencia de conseguirlo, sin una luz y un socorro muy particulares que solo puedo esperar de Ti. Haz en mí Tú voluntad, Señor: me opongo a ella, lo sé, pero me parece que quisiera no oponerme. A Ti te toca hacerlo todo divino Corazón de Jesucristo: solo Tú tendrás toda la gloria de mi santificación, si llego hacer santo. Esto me parece más claro que el día, pero será para Ti una gran gloria y solamente por eso quiero desear la perfección. Así sea. Notas: Nota [1] El signo de contradicción, Communio-Fayard 1978 Citas: Versión de la Biblia “La Nueva Biblia Latinoamericana” [ Última actualización Viernes 20 de marzo de 2009 ] |
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